Elucubraciones entre sentir y pensar

Por: Andrés Osorio Guillott

Georg Wilhelm Friedrich Hegel, filósofo alemán, diría alguna vez que: “Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión.” Y es por eso que reafirmo, una vez más, que la grandeza que ha ido adquiriendo la Feria Internacional del Libro de Bogotá a través de los años parte, en buena medida, de la pasión de quienes trabajamos entre textos, letras y tinteros.

Desde los 13 años –es decir, desde hace 8, casi 9 años- asisto fervorosamente a la FILBo. Desde el año pasado tengo la oportunidad de ahondar en sus eventos, en sus pasillos, en sus secciones y en sus historias. A lo largo de este lapso he aprendido a rememorar grandes relatos y acontecimientos que se esconden en los diversos pabellones de la feria. Muchos dicen que todos los años es lo mismo. Yo los refuto y les digo que el mundo de los libros jamás es el mismo. Las lecturas, los escritores, los escenarios, las conversaciones jamás son iguales. Son tan cambiantes como nosotros. Tan cambiantes como las emociones que trastocan nuestras fibras y recuerdos.

Estas emociones son el elemento transversal de las ideas y de los episodios que la FILBo 2018 tiene para los asistentes este año. Emociones que sirven para evocar lo pasionales que somos los colombianos. La inclusión del manejo de las mismas y de la combinación de éstas con las ideas, son indispensables en tiempos en los que no se habla de otra cosa diferente a la polarización. Esa incapacidad del colombiano de discernir entre ideas y emociones nos ha vuelto conflictivos, nos ha vuelto intolerantes a quienes son diferentes pero tan importantes como nosotros.

Hace poco, Julián de Zubiría, economista de la Universidad Nacional de Colombia, dijo en la revista Semana que: “Un país donde menos del uno por ciento lee de manera crítica no se maneja con ideas sino con emociones”. De esta afirmación se desprende un vacío en la educación que él mismo Julián señala y que no es un secreto para un país que invirtió principalmente en guerra, que se dedicó a gobernar a través del miedo al cambio y no de una apuesta a la ciencia, a la cultura y a la educación.

Siente Las Ideas”, el lema que trae este año la Feria Internacional del Libro de Bogotá, resulta ser una frase pedagógica, una frase que nos recuerda que tanto el pensamiento como las emociones pueden trabajar de la mano, al unísono. Sentir las ideas es permitir que la pasión desborde el interés por la lectura, el interés por la investigación y el descubrimiento. Sentir las ideas es aceptar que el asombro es el impulso del poeta, del científico, del pintor. Sentir las ideas es reconocer que la tristeza ha sido el origen de grandes versos, que la felicidad ha sido el eje central de varias canciones, que la ira ha despertado a grandes personajes de la literatura. Sentir las ideas es, precisamente, un paso hacia el cambio, hacia una eternidad más prometedora.

La pasión del fútbol, del cine, de la gastronomía, de la literatura, de la poesía; la exaltación de las emociones en miles de conversaciones que cambiarán la vida; la inclusión de la memoria, de la diversidad étnica y cultural y la convergencia de idiosincrasias e ideales de varias naciones en un mismo recinto, busca profundizar en la condición del ser humano. Los resultados de sentir las ideas o de pensar las emociones saldrán en el paroxismo de un descubrimiento, en el chascarrillo de un título, en el encuentro inesperado con ese otro o con ese libro que nos dejó perplejos. Quien entra a Corferias en la FILBo sale con otro rostro, con otra idea, con otra sensación. El cansancio no agobia si éste trae consigo musas y moralejas. El escape de la rutina se hace mayor si al salir de cada pabellón hay un motivo más para acercarse a la lectura, al dibujo o al arte en general. La palabra escrita, la palabra hablada, la palabra sentida. El tejido del lenguaje y el manto de la palabra bien tratada arropan a Bogotá, a Colombia y al mundo.

Una oda al híbrido del corazón y la razón hacen de la Feria un espacio mágico, un paréntesis en la ciudad, un lugar de infinitos mundos y de diversos orígenes. 16 días serán suficientes para que miles de personas eleven sus más grandes pasiones a través de la lectura, para que encuentren y siembren las ideas más fructíferas para un futuro más frondoso y pluralista. La FILBo 2018 es el punto de partida de varios senderos, de varios misterios, de varias experiencias. Seguramente, al final del recorrido, habrá valido la alegría, el recuerdo y el uso del pensamiento.

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