La moda es cosa seria: una entrevista con Vanessa Rosales

Por: María Fernanda Villegas

Libro Mujers VestidasVanessa me está esperando. Tiene las piernas cruzadas y viste unos jeans con perlitas bordadas. Me está esperando para hablar de moda, de esa fuerza cultural que ha permeado la vida cotidiana cada vez más a través de los medios digitales que enmarcan fotos fugaces, falsas noticias, luchas de ego y que son espejos de esta sociedad que vive de la inmediatez y la novedad. Cuando le pregunto por Instagram (donde llega casi  a los sesenta y dos mil seguidores),  Vanessa se ríe y se refiere a las descripciones de sus fotos como “esos parrafones”. Me río también por que sé que esos parrafones no tienen nada que ver con los emojis y  las frases motivacionales que circulan en internet como pan caliente. La historiadora cartagenera, que presentó y conversó sobre su libro Mujeres vestidas en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, conoce muy bien estos medios porque los ha usado para darles la vuelta hablando de cosas importantes. Le ha dado lugar a lo trascendente en un espacio que aparentemente representa todo lo contrario. Su libro está compuesto de trece ensayos sobre moda escritos desde un punto de vista histórico y sociológico que revelan qué hay detrás de lo que vestimos todos los días.

Su interés por la moda tuvo que ver más con una pulsión vital que con lo académico. Recuerda con precisión que su abuelo argentino le ponía películas de Gardel y de Gene Kelly desde muy pequeña, pero la película que la deslumbró fue Grease –de ahí nace su amor por las chaquetas de cuero–. Además del cine, Vanessa también piensa la música como sustrato estético. Piensa en el Rock N’ Roll y cuenta que su aspiración de niña era ser cool, pero ¿qué era ser cool?, le pregunto, y ella me responde entre risas “Yo pienso que era ser flaco. Si tú te percatas, por ejemplo, la estética del rock está dominada por la flacura. Slash, que era mi favorito, era un hombre muy flaco, y podía ponerse pantalones de cuero. Jim Morrison también se ponía unos pantalones que me generaban fascinación. Recuerdo que vi el video de Patience como a los once o doce años y me di cuenta de lo mucho que su estética había generado en mí esa inquietud.”

No es extraño que una escritora como Vanessa se encuentre con caras incrédulas a la hora de hablar. Lamentablemente, la moda es un tema que se ha relacionado convencionalmente con lo tonto, con lo falto de profundidad, con la mera vanidad femenina. “Todavía estoy librando esa batalla”,  dice entre suspiros, “la sentí muy tempranamente cuando estudiaba historia en la Universidad de los Andes. Ya tenía esa inquietud pero el tema no era considerado digno de estudio académico. Entonces yo tuve que llevarme a mí misma a otros terrenos como la escritura periodística, muy improvisada y muy instintiva en ese momento, persiguiendo esa noción de que yo quería generar una hondura a partir de un tema que claramente no era tomado en serio en un círculo académico en el que estaba”.

Es muy significativo que Mujeres vestidas sea un libro impreso porque de alguna manera el formato libro entra en la categoría de lo serio en oposición a lo rápido, a lo digital. Es mejor el libro que la película, oímos decir por ahí en tono condenatorio. Pero como es un libro sobre moda, los estereotipos pesan todavía:

“Cuando recién salió, yo sentí mucha tristeza porque se estaba percibiendo el libro como una guía de estilo: la portada es bonita, el color es plácido y está escrito por una mujer,  por una mujer que ha hecho carrera en la moda.” Aunque trata de deslindar su imagen de la figura de la blogger, todavía es clasificada como tal, lo que encuentra enigmático porque si bien usa su imagen personal, esta siempre ha sido una excusa para ver más allá, para descomponer y analizar en las formas propias de su formación académica. “Cuando me asomé al mundo intelectual, al mundo académico, me pareció tan machista, tan tedioso, tan carente de glamour. Todavía las mujeres que participan de ese mundo se han persuadido de que deben abandonar su estética para ser tomadas en serio. Porque de cierta manera esos medios refuerzan esa idea todavía.”

Vanessa, con un pie aquí y el otro allá, tiene que lidiar con un limbo que apenas se está explorando en Colombia:

“Lentamente empecé a descubrir que yo habito como un no espacio, un intersticio, que es muy difícil de encontrar en un medio como el nuestro. Siempre sentí la dicotomía de que para ser una mujer pensante, que lo fui desde muy pequeña, tenía que asesinar esta vanidad que es muy propia de lo caribeño, y solo hasta ahora he podido encontrar en ese intersticio un lugar cómodo.”

No es blogger, pero en su libro sí habla de las bloggers; habla de los hombres, que en los últimos siglos han sufrido una timidez ornamental característica; de la figura del espejo, artefacto que ha sido sostenido históricamente por la mirada masculina; habla de la moda colombiana:

“Colombia siempre aspiró a ser moderna, pero tal vez hoy en día Colombia aspira a ser global. En el contexto colombiano la moda como fuerza cultural ha servido para deslavar esta imagen global de narcotráfico, de violencia, de terror que rondó el fantasma de Colombia durante mucho tiempo. Colombia hace parte de todos estos países de la periferia tradicional de la moda, entendiendo la periferia como todo lo que no es Nueva York, Londres, Milán y París. Se ha sumado al boom de la moda que se volvió la gran moda también gracias a estos aparatos”, dice al tiempo que señala con los ojos el celular con el que la estoy grabando. “Hay varias contradicciones. Como fuerza cultural la moda ha servido como una manera de imaginarnos diferente como comunidad pero por otro lado es muy interesante ver cómo, aunque hay otros casos de éxito global, hay un gran rechazo interno a lo que es considerado moda por la mayoría del país”.

Vanessa fue poeta, como hasta los veintidós años, me dice. Pero ahora tiene otros planes para cuando sea grande:

“Mi aspiración en la vida es ser ensayista. Es un género que me apasiona, que permite escribir de todo, un género sumamente maleable. Llevaba años tratando de que lo que yo colgaba en mi página fuera considerado ensayo y aun así todavía me dicen bloguera.”

En su carta a la moda, que fue publicada en su página y en el que se percibe un tono de desconcierto, se puede leer que le dice a ella Fuiste un lente, una forma de mirar, un terreno inicial. Le digo que suena a despedida, y ella me responde “Me agota, me agota. Lo que pasa es que tuve un momento cuando escribí esa carta en el que estaba hastiada. Me hastían son ciertas formas de la moda. El medio de la moda, lo que implica a veces participar en este medio, esa cuota de narcisismo, de auto indulgencia y de disposición para posar y tener una identidad sustentada en la nada. Es innegable que la moda sí puede ser un portal a través del cual reflexionar intelectualmente pero la moda también es tremendamente banal y de hecho la mayoría de personas que participan en ella no son muy pensantes. Hay mujeres que tienen una gran destreza para lo visual pero no necesariamente están muy involucradas en lo significa.”

La moda, que ha sido capaz de desestabilizar estructuras tradicionales, de crear identidades diversas, de incluir y de rechazar, de conmover, de empoderar, merece que nos aventuremos a pensar en ella como cosa seria, como lo hace Vanessa. “El propósito de este libro es sembrar una semilla para que la moda sea pensada y escrita desde lo teórico o desde cualquier prisma de las ciencias sociales.”

Por último le pregunto qué libro quiere que se ponga de moda. “En diciembre llegaban las brisas, de Marvel Moreno. Daría todo para que todas las mujeres de este país lo leyeran. Las mujeres y los hombres.”

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