Once poetas holandeses

“Holanda está situada en un delta donde tres grandes ríos europeos desembocan en el mar. Del mismo modo que el agua europea fluye por el fértil paisaje holandés, la tradición literaria europea discurre por las igualmente fértiles letras holandesas. Por lo que atañe a la poesía, esto ha dado lugar a un moderno y variado paisaje, que, en palabras del destacado poeta local Tonnus Oosterhoff, se caracteriza por su ‘riqueza similar a la de la selva lluviosa’. Los once poetas reunidos en la presente antología atestiguan, en su conjunto, esta riqueza y la extraordinaria diversidad que distingue a la poesía holandesa en su actual período de florecimiento”. Así empieza “La poesía holandesa contemporánea: una selva lluviosa en el delta”, el texto de Thomas Möhlmann que sirve de introducción al libro Once poetas holandeses, la novedad de la colección Libro al Viento para la FilBo 2016.

La selección es verdaderamente contemporánea -Armando, el poeta de mayor edad  tiene 86 años y la más joven, Naomi Perquin, 36- y todos los nombres que presenta esta selección han publicado mínimo tres poemarios. De igual manera está enfocada en dar cuenta de la diversidad de enfoques, temas y maneras de usar el lenguaje. Los autores escogidos son Armando (1929),Cees Nooteboom (1933), Jules Deelder (1944), Arjen Duinker (1956),K. Michel (1958), Anne Vegter (1958), Menno Wigman (1966), Sasja Janssen (1968), Hagar Peeters (1972), Tsead Bruinja (1974) y Ester Naomi Perquin (1980).

Acá les dejamos unos cuantos poemas que hacen parte de la edición. Están en español, pero en el libro los encontrarán tanto traducidos como en su neerlandés, el idioma original en que fueron escritos.

 

NOCHE

De noche, por castillos de nubes
y una última terraza de luz de luna,
el sueño de viajes prohibidos,
una puerta, siempre cerrada,
ahora entreabierta, el peligro de otra
vida, un poema

de una existencia a la inversa,
donde la muerte no tiene guadaña,
es un amante sobre herraduras de oro
que te acaricia los pechos
y te extiende la alfombra de las estrellas
para que te tumbes allí,

luz por todas partes, hasta en los dientes
del predador, en las uñas
del asesino y en el cuchillo reluciente
que escribe la última palabra,
fuego, y entonces con tus ojos de nadie
ver sin llegar nunca a un fin,

ver quién eras.

Cees Nooteboom (1933)

 

¡POETA!

¡Poeta!
¡Péinate, lústrate los zapatos!
¡Ponte tu fuero interno!
Vamos a estrecharle la mano al viento.
Vamos a saludar al horizonte.

¡Tanto para ver! ¡Tanto que hacer!

Vamos a aprender el idioma de los pájaros.
Comeremos la arena del tiempo.
Soplaremos el mundo como un vidrio.

¡Sí! Los nombres son aliento.
La luz es el grito de un pájaro.
La verdad, una fábula.

Vamos a leerle la palma al viento.
Les cambiaremos los nombres a las cosas.
Dejaremos mudos a los idiomas.
Hablaremos a solas con el horizonte.

¡Sí! ¡Sí! Veremos y saludaremos a todo el mundo.
La aduana, las nubes, las lanchas de excursión.
Las sábanas al viento, las gaviotas, los tilos.
La música, los atletas, los platos de la región.
Los camareros, los usos locales, los cruces peatonales. ¡Todo!

Viajaremos sin mapa.
Llegaremos a todas partes.
Y haremos una mezcla de todas las manos,
todas las cosas y todos los nombres.
Y en todas partes gritaremos, exclamaremos:

¡Abecé!     ¡A!   ¡Be!   ¡Ce!

K. Michel (1958)

 

SUBURBANA DESATADA

Elegiré mi propia muerte, soy suburbana,
no provinciana.
Ando por la terraza en mis shorts de lencería, asoman ojos
por todas partes, en mis piernas, mi panza y mis shorts son tan escuetos
suaves y tan color champán, en este barrio con muelles de madera
sin agua, donde en las fachadas crecen piernas femeninas.

Conozco una golondrina que empeña plumas a cambio de mis notas,
las deposita en mis pies, yo las guardo para cuando llega el sueño.
Veo a un hombre colgado un recuerdo empinado
sobre su mujer, su hijo el dobladillo que ella le sonsaca.
Desde la esquina señala mis pezones.
Giro mi andar.
Soy un terrible organismo selectivo.
Soy azul real.
Me yergo en belleza salvaje.

Sasja Janssen (1968)

 

DEMORA

Somos modernos. No es el siglo indicado para el amor
y ya en ninguna parte hay mujeres en torres
a la mira. El último caballero
murió de sífilis.

Ya no sabemos nada de banderas flameantes,
de murmullos entre las piedras,
de cantos y nombres de flores.

Al cruzarnos nos arrojamos volando
partes del cuerpo.
Todo sale bien.

Atranca estas puertas cuando
oscurezca. Quédate conmigo.
Échale la llave a tu caballo.

Ester Naomi Perquin (1980)

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