María Osorio. Foto de Triunfo Arciniegas.

El cuento de María Osorio

María Osorio convirtió su entusiasmo por la literatura infantil en su forma de vida. Este es el camino que ha recorrido la persona detrás de Babel Libros, editorial independiente especializada en libros para niños y jóvenes que ya cumple diez años. Ella y sus libros son nuestros invitados a la Filbo 2016. Entrevista por Juan José Cuéllar para Cerosetenta. 

Lo que más me llamó la atención cuando conversé en noviembre del año pasado con María Osorio sobre su trabajo es la pasión con lo que dice todo. Habla muy rápido mientras mira directamente a los ojos, tamborilea el escritorio con los dedos, se quita y se pone unas gafas ovaladas de marco grueso, toma tinto y se rasca la cabeza cubierta de pelo cano, la mayor parte del tiempo desordenado. Esta arquitecta de la Universidad de los Andes terminó metida en el cuento de la literatura infantil porque “como dicen, conocía a un amigo que conocía a otro amigo que tenía un amigo que trabajaba en la editorial Norma”. María se interesó por los libros infantiles, empezó a leerlos y terminó convirtiéndolos en su forma de vida. Los antecedentes para esta decisión ya estaban presentes mientras estudiaba: el gusto por la lectura y el dibujo. Hoy en día parte de su trabajo es leer manuscritos, todos los días le llegan muchos, pero eso no impide que dibuje a veces en trozos de papel que tiene a la mano.

Hace quince años Osorio renunció a Fundalectura, que antes era la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil (ACLIJ), donde había trabajado desde 1986 como promotora de lectura para perseguir un sueño: montar una editorial independiente especializada en literatura infantil y juvenil.

Detrás de su escritorio repleto de papeles, María mira por la ventana y recuerda el camino para crear la editorial. “Apenas di el primer paso caí en cuenta de todas las dificultades que iba a tener”. Estas dificultades siguen siendo las mismas hoy: el mercado manipulado por las grandes editoriales y los medios de comunicación, la falta de una cultura lectora en Colombia y los pocos espacios de circulación y exhibición de libros. “Lo primero fue crear la distribuidora. Luego fue mantener la distribuidora. Después fue la librería y mantenerla con lo que daba la distribuidora. El quinto paso fue mantener la librería”, recuerda Osorio y agrega que cuatro años después pudo “montar la editorial con los recursos que daban la distribuidora y la librería”. Hoy, el reto es mantener la editorial: “Las tres empresas funcionan independientes la una de las otras pero a la larga son lo mismo”, asegura Osorio mientras se quita las gafas.

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