8 consejos para viajar barato de Laila Abu Shihab

Laila Abu Shihab es periodista, politóloga, adicta al teatro y al fútbol. Pero, por encima de cualquier cosa, es viajera. A sus 35 años ha recorrido más de 40 países y de cada lugar tiene algo para contar. Sabe cuáles son las ciudades que todo el mundo ama pero a las que no volvería, ha visitado el Museo de los Corazones Rotos en Zagreb, en un años recorrió 119 ciudades -pero solo durmió en 82-, ha tomado más de 40 mil fotos en sus viajes y está obsesionada con los Balcanes.

Pues bien, Laila hace parte de nuestra franja de viajes y para el blog nos dio 8 consejos para viajar barato, un abrebocas de lo que nos contará en la FilBo 2016.

  1. Deje el miedo. El miedo y los viajes son incompatibles. No tema dormir en un cuarto con más personas, entrar a un baño comunal en el que hay 10 duchas, sentarse a desayunar en la mesa en la que comen un coreano, una polaca y un sudafricano. Allá afuera el mundo no es más inseguro y difícil que aquí adentro. Se lo juro. Incluso, a veces es más solidario y bonito. Menos gris, más colorido.
  1. El círculo vicioso. Cuando se viaja mucho -es decir, cuando se entra en el círculo- la agenda de amigos y contactos se alarga hasta el infinito y las posibilidades de viajar y, sobre todo, de viajar barato, se multiplican. Hoy, yo tengo amigos que me pueden alojar en todos los continentes, con lo cual no solo comparto enriquecedoras experiencias sino que además ahorro una considerable cantidad de plata que, activando el círculo vicioso en el que entré hace tiempo, me sirve para inventarme nuevos y deliciosos viajes. Aventuras increíbles.
  1. Flexibilidad ante todo. Una vez escogidos el o los destinos y luego de saber cuánto tiempo durará su viaje, haga un primer itinerario básico, es decir, flexible, porque entre más flexibles sean sus planes, menos gastará en el camino. Métase en la cabeza que los planes pueden cambiar y que eso, muchas veces, hace del viaje una experiencia fascinante. De un día para otro salen ofertas de tiquetes de tren, avión, bus o barco que desaprovechará por tener en su itinerario inamovible que a esa ciudad llega no mañana sino en dos semanas.
  1. Nada de recorridos guiados. No se trata de que huya de los típicos lugares turísticos (aunque le recomiendo que no se limite a ellos, para no perderse la magia de muchos rincones desconocidos por las grandes guías de viajes y conectarse de verdad con la ciudad que visita). Si va a París querrá conocer la Tour Eiffel o si llega por fin a San Francisco deseará con todas sus fuerzas atravesar el Golden Gate. Lo mismo si está en Buenos Aires, cómo no cruzar la inmensa Avenida 9 de julio, tomarse la consabida foto en el Obelisco y recorrer Caminito. Se trata de que se anime a descubrir esos lugares imprescindibles por usted mismo, sin hacer parte de un tour guiado que le cobrará un dineral para arrearlo con 25 personas más, no dejarlo disfrutar de lo que a usted -y no a los demás- le interesa y obligarlo a permanecer allí solo 5 minutos, cuando quisiera pasar la tarde entera. Lea mucho antes de viajar, infórmese, hable con locales -los hostales son excelentes para ello-, vaya por su cuenta, tenga libertad absoluta y ahórrese muchos pesos.
  1. Dormir barato y hacer amigos. El del alojamiento es el aspecto en el que yo más ahorro durante un viaje. De no ser así, no podría haber conocido casi 200 ciudades de 40 países. La forma más barata -tan barata que es gratis, de hecho- es hacer couchsurfing, esa comunidad mundial de viajeros que ofrece un sofá, un colchón o una cama en su casa, para luego esperar que otro haga lo mismo cuando esté de viaje. Yo jamás lo he probado así que no tengo cómo decirle si vale o no la pena, pero sé de muchas personas que han dormido gratis y, de ñapa, así han hecho grandes amigos. Sucede que creo que eso también le quita a un viajero solo mucha libertad para despertarse a la hora que le dé la gana, desayunar y salir a caminar cuando quiera y un largo etcétera. Y también he oído historias no tan bonitas al respecto. Para dormir, entonces, yo soy la fan número 1 de los hostales (o albergues de juventud, como les dicen en muchos países europeos). Si los elige bien son mucho más baratos que un hotel, seguros, acogedores, divertidos… y el sitio perfecto para hacer amigos de todo el mundo. Para saber más sobre esos lugares le dejo por aquí un texto de mi blog viajero (https://tmblr.co/ZvjNkm1Scvq-d) y una columna que escribí sobre el tema (http://bit.ly/1MLQAUg).
  1. No voy en tren, voy en bus. Imposible generalizar, pero en la mayoría de países y continentes lo más barato siempre será viajar en bus, no en tren, avión o barco. Aunque no se confíe, hoy en día se encuentran gangas de no creer para volar de una ciudad a otra, por 10 dólares o 15 euros, por ejemplo. Lo que sí puedo decirle es que en lo que tiene que ver con las aerolíneas de bajo costo lo más barato a veces sale caro. El otro medio de transporte muy económico es el “carro compartido” (hacer covoiturage en francés o ridesharing en inglés) con un conductor y otros pasajeros que están interesados en hacer el mismo recorrido. Al sistema yo le puse mi propio nombre: “pagar poquito por echar dedo”. Y gracias a él ahorré cantidades industriales de dinero en países que no tienen a todas las ciudades conectadas por buses y cuyos trayectos en tren son prohibitivos, como Francia, por ejemplo. Si viaja por Europa, mi recomendada para “pagar poquito por echar dedo” es Blablacar. Es la empresa más confiable en el Viejo Continente. Baje la aplicación, regístrese como pasajero y listo.
  1. Menos es más. No es fácil, pero una vez se aprende a viajar liviano -no sólo de problemas sino de equipaje- se pasa mejor y se ahorra mucho. ¿Para qué llevarse 5 pares de zapatos, 6 vestidos y 7 pantalones? ¿Necesita todas las cremas que empacó en su maleta? Si aprende a necesitar cada vez menos para viajar no sólo las aerolíneas, las compañías de ferry y de tren lo recompensarán, además de que podrá caminar con su backpack de una estación de metro a un hostal en lugar de tener que pagar taxi, la vida misma se encargará de darle bonitas sorpresas.
  1. Pocos lujos gastronómicos. Ya sé. Sería lo ideal. Poder comer en el restaurante que quiera, cuando quiera, lo que quiera. Pero si hace un viaje con pocos pesos en el bolsillo deberá restringir los lujos gastronómicos. Si se aloja en un hostal no será difícil, porque casi todos incluyen desayuno y además tienen restaurantes propios en los que venden almuerzos y cenas por precios módicos. Dése también una vuelta por el supermercado o una plaza de mercado, compre frutas, un rico pan, queso y jamón, y prepárese unos sánduches para comer en un parque o en la banquita de una plaza cuando está de viaje. El lujo de entrar a restaurantes hay que dárselo -mejor si es a los preferidos por los locales y no a los más turísticos-, pero si no va invitado por alguien o todavía no se ganó la lotería, que sea moderado.

Recuerden pasar por el blog de Laila, “Puntos de quiebre”, y por su columna “Próxima parada” en la revista Shock.

Otra cosa: Si no hay foto, no pasó.

 

 

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