Svetlana Alexievich, el oído de la guerra

“Necesito almas que reflexionen. Lo que más teme el ser humano es que su vida carezca de sentido.
Después de todo, nuestra vida es una constante búsqueda de significado”.

“Soy un oído humano”, dice Svetlana Alexievich, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015. “Me encanta la voz humana. Es mi amor más grande y mi pasión”. Y es clarísimo en cada uno de sus libros. Su obra se compone de voces en diferentes tonos, con varios registros y colores: son las voces de los testigos de la guerra, de quienes participaron indirectamente y deben continuar la vida con las consecuencias de una guerra que a la fuerza debieron llamar suya.

Es “un nobel raro” han dicho, ya que es la primera vez que una periodista se gana este honor de la academia sueca. Sin embargo, sus libros no se componen “solamente de periodismo de investigación, sino de literatura sin ficción, de novela sin un solo protagonista”, como dice Pedro Ángel Palou en un texto para la revista Letras Libres. Alexiévich escribe la “historia de las emociones, del alma” y sus textos son necesarios en un momento como el actual en el que las guerras terminan solo para darle paso a otras.

Ha publicado cinco libros. El primero, La guerra no tiene rostro de mujer, en 1985, en el que ata monólogos brutales y oscuros de mujeres que de alguna u otra manera se convirtieron en víctimas de la Segunda Guerra Mundial. “Si no reflexionamos sobre la guerra, corremos el peligro de convertirnos poco a poco en fieras”. Sus otros libros se ocupan de Chechenia, de los niños de la Segunda Guerra Mundial, de la caída de la Unión Soviética y de Chernóbil, que 30 años después sigue presentándose como una pesadilla recurrente e inefable.

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