Fernanda Trías, Cuestionario FILBo

La escritora uruguaya ha recibido varias distinciones por su novela ‘La azotea’, en la que explora un tema tan complejo como el incesto.

Su vida ha sido la itinerancia. Vivió en el pueblo medieval de Provins y editó documentales por algunos meses en Londres.Residió un año en Berlín y dos años en Buenos Aires y otros dos en Nueva York, donde realizó la maestría en escritura creativa en NYU. Su novela La azotea fue seleccionada entre los mejores libros del año por el suplemento El País Cultural, y obtuvo el tercer premio de narrativa édita en el Premio Nacional de Literatura de Uruguay (2002). En 2006 recibió el Premio de la Fundación BankBoston a la Cultura Nacional. Otras de sus obras son Bienes muebles y la plaquette de relatos El regreso.

“A través de las imágenes genero conceptos”

Además de estar en la Feria ¿cuál es el plan que no se va a perder en Bogotá?

Los museos, los mercados, las frutas exóticas y las librerías de viejo.

Macondo es el ‘país’ invitado este año a la FILBO, para usted ¿qué es Macondo?

Macondo es una de las grandes ciudades míticas latinoamericanas, junto con Comala de Rulfo y Santa María de Onetti. Tal vez por ser uruguaya, tengo más debilidad por la grisura y el ambiente urbano, algo deprimente, de Santa María. Es difícil para los rioplatenses conectarnos con esos mundos de maravillas y exuberancias, como es el paisaje macondiano. Sin embargo me encanta la idea de la peste del olvido y que tuvieran que poner un cartelito que recordara que “Dios existe”.

La franja central de la feria este año es “Leer a las mujeres”. ¿Qué mujer escritora recomienda leer?

Muchas. Empezando por las grandes maestras: Carson McCullers, FlanneryO’Connor, ClariceLispector, Katherine AnnePorter, GertrudeStein. Las uruguayas Marosa di Giorgio y Armonía Sommers. Las contemporáneas: Alice Munro, Hebe Uhart, Diamela Eltit, Anne Carson… Sin entrar en las escritoras más jóvenes, que son muchas y muy interesantes.

Dicen que escribir es mentir un poco. ¿En qué ocasiones miente por fuera de la literatura?

Creo que la deshonestidad en la literatura se nota siempre. Siempre que el autor intenta forzar algo o hacer algo con el texto que no responde a las necesidades intrínsecas del texto, a su economía, hay deshonestidad, y el buen lector la nota o la intuye. Yo no hago periodismo ni escribo géneros testimoniales o de no ficción, donde la verdad tiene peso (o al menos “una verdad”), así que en mis ficciones me permito modificar los hechos de la manera que mejor convenga a lo que quiero decir, no siendo fiel a los hechos sino “al alma de los hechos”.

De toda su experiencia académica, ¿cuál ha sido la que más la ha ayudado a ser mejor escritora?

Lo que más me ha ayudado fue poder trabajar con algunos maestros que creían en mí pero que no me trataron con condescendencia, por ejemplo Levrero, cuando era muy joven, y más tarde Diamela Eltit. El trabajo como editora que hizo Lina Meruane para el libro que sacamos en su pequeño sello, Brutas Editoras. Las conversaciones sobre literatura, en las que rara vez estábamos de acuerdo, con Ricardo Strafacce. En otras palabras, tener la suerte de cruzarme con lectores implacables, algunos escritores y otros no. Pero todo esto ocurre mayormente por fuera de la academia. Es la vida.

De todos los viajes que ha hecho ¿ha encontrado un lugar donde quedarse definitivamente?

Por ahora sigo itinerante, y creo que voy a estarlo un tiempo más hasta que algo me haga quedarme. Mi lugar favorito, tal vez mítico, es Buenos Aires. Siempre estoy yendo hacia allá, pero dejo que el azar me desvíe.

Algunos dicen que una de sus virtudes como escritura es la de “dibujar imágenes”. ¿Cómo lo logró, por ejemplo, con La azotea?

Sí, me han dicho que mis textos son muy visuales. No me resulta difícil porque pienso en imágenes, no en conceptos abstractos. Mi pensamiento es concreto. Alguien me dijouna vez que es a través de las imágenes que voy generando conceptos, y no a la inversa. No lo había pensado, y se ajusta bastante a lo que me pasa. En la práctica,  yo voy escribiendo lo que veo, y lo que veo se me va revelando como una película frente a los ojos a medida que escribo. No planifico ni “pienso”. Las imágenes aparecen solas y yo las describo. Con La azotea ocurrió así: estaba sentada en mi cama y vi —literalmente— un canario en una jaula dentro de una pieza oscura. Luego vi el paredón de la iglesia tapando la luz. Luego fui extendiendo el campo de visión y aparecieron los personajes, la voz de Clara fue lo siguiente… Y quince años después, esa sigue siendo la manera en que empiezo un texto.

Twitter: @TriasFernanda

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