Eric Nepomuceno, Cuestionario FILBo

Nepomuceno ha traducido al portugués, más por afecto que por profesión, a grandes autores latinoamericanos que han sido amigos suyos.

Es un hombre de letras en todas sus formas. Desde el periodismo que hacía para el Diario de São Paulo, La Opinión y la revista Crisis. Pasando por obras como Memorias del 01 de septiembre en la plaza, Hemingway en España, Las cosas en el mundo, La palabra nunca y Miércoles. Hasta llegar a las traducciones al portugués de grandes clásicos, y amigos suyos, como García Márquez, Rulfo, Cortázar y Borges.

 “Escribir es recurrir a la memoria para que vaya de encuentro a la imaginación”

Además de estar en la Feria ¿cuál es el plan que no se va a perder en Bogotá?

Más o menos lo obvio: ir al Museo del Oro, a la Fundación Botero. Ver al teatro La Candelaria. Comer bien. Encontrarme con amigos. Caminar.

Macondo es el ‘país’ invitado este año a la FILBO, para usted ¿qué es Macondo?

Mucho más que un país. Macondo es la historia de todos nosotros, latino-americanos, en primer lugar. Y, en un horizonte más amplio, la saga del ser humano en su permanente (y casi siempre ingloria) batalla contra la soledad.

La franja central de la feria este año es “Leer las mujeres”. ¿Qué mujer escritora recomienda leer?

A muchas. A mi compatriota Lygia Fagundes Telles, por ejemplo. A mi amiga Laura Restrepo. A la Ángeles Mastretta de Arráncame la vida, y a autoras jóvenes, como la chilena Alejandra Costamagna, la argentina Samanta Schweblin, la brasileña Tatiana Salim Levy. Hay poetas magníficas, como la argentina Alejandra Pizarnik, la brasileña Cecília Meirelles, la portuguesa Sophia Mello Breyner. Fíjese que menciono solamente a poetas contemporáneas, y de dos idiomas, el castellano y el portugués. ¿Cómo entender a México sin leer a Elena Poniatowska? Y Joyce Carol Oates, Silvia Plath, Carson McCullers… en fin, parte substancial de la literatura desde siempre fue escrita por mujeres, principalmente a partir del siglo pasado.

Dicen que escribir es mentir un poco. ¿En qué ocasiones miente por fuera de la literatura?

Escribir es recurrir a la memoria para que vaya de encuentro a la imaginación. Y, mintiendo, construir otra realidad. Fuera de la literatura suelo mentir al gerente de mi banco, asegurando que en un par de meses más todo estará resuelto…

¿Cómo influye su profesión como periodista en la escritura literaria?

La verdad es que abandoné el periodismo cotidiano hace ya como unos 30 años. Lo practico con cierta frecuencia, porque no creo en la existencia de ex periodistas, pero cuando siento ganas. Escribo, eso sí, libros de no-ficción. La principal influencia quizá sea respetar la frase corta, precisa y convincente.

¿Qué temas lo obsesionan en la creación literaria?

Los temas, en la literatura o en cualquier otra expresión de arte, no cambian, son siempre los mismos, y son pocos: el amor, la soledad, el enigma de la muerte, la traición, la lealtad. Lo que cambia es la manera de tratarlos. Nunca pensé, o sentí, que un tema específico me obsesionara.

Como traductor, ¿cómo se acerca a la obra de un autor para entender su voz?

No soy exactamente un traductor. No sigo ni una única y solitaria de las tantas reglas del buen traducir. Soy un escritor que traduce a los amigos y a algunos libros o autores que me instigan por alguna razón especial. Traduzco no por profesión, aunque lo haga con el más extremo rigor, pero por afecto. Y, a veces, pocas, por curiosidad. Casi siempre he traducido a autores que conozco, que fueron amigos, en algunos casos amigos fraternos. Y para entender su voz hago exactamente eso, los invoco en la memoria, les oigo la voz, contando cosas. Y ese es el tono que tengo, por lealtad, de imprimir a la hora de poner en mi idioma lo que escribieron en el idioma de ellos. Llevar, además de su escrito, su voz a los lectores brasileños.

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